JUNÍN EN LO MÁS ALTO DEL FOLKLORE

Matías Gallardo se consagró campeón nacional de malambo en Córdoba

Tras una vida dedicada a la danza y una formación que lo llevó a recorrer los escenarios del mundo con la compañía Malevo, el bailarín y docente radicado en Junín alcanzó la gloria máxima en el Festival Nacional de Laborde.

12:00

La madrugada del domingo en la localidad cordobesa de Laborde no fue una más. Bajo el cielo estrellado de la Capital Nacional del Malambo, se escribió una de las páginas más gloriosas para el folklore de la provincia de Buenos Aires y, muy especialmente, para la ciudad de Junín.

Matías Gallardo, un artista que ha hecho de la perseverancia su bandera y del zapateo su lenguaje, se consagró campeón nacional de malambo, el título más codiciado y exigente al que puede aspirar un bailarín nativo en la Argentina. En una final que quedará para el recuerdo por la paridad y el virtuosismo de sus contendientes, Gallardo logró imponerse ante el representante de Santiago del Estero, Nicolás Ferreyra, en una definición que los jurados calificaron como ajustada, pero indiscutible por la solidez técnica del bonaerense.

El Festival Nacional del Malambo no es un certamen común, es una prueba de fuego que demanda una preparación física y mental comparable a la de un atleta de alto rendimiento. Para llegar a esta instancia, Gallardo debió atravesar un camino que comenzó mucho antes de pisar el escenario cordobés.

El pasado noviembre, en la sede de Azul, ya había dado el primer gran aviso al coronarse campeón provincial en el certamen Pre Laborde. Esa victoria no fue solo un trofeo más, sino el pasaporte para representar a Buenos Aires en una edición que reunió a los mejores exponentes de cada provincia.

En la gran final, además de Ferreyra, quien obtuvo el subcampeonato por segundo año consecutivo, Gallardo midió fuerzas con Federico Sosa de Mendoza y Marcelo Mella Millar de Catamarca, dos colosos de la disciplina que elevaron la vara de la competencia a niveles de excelencia.

La consagración de Matías Gallardo a sus 40 años es el corolario de una vida dedicada íntegramente a la danza. Oriundo de Claypole, pero radicado en Junín desde hace años, su carrera artística es un ejemplo de construcción paciente. 

Desde temprana edad, el bailarín supo que su destino estaba marcado por el sonido de las botas contra la madera. A lo largo de las décadas, fue puliendo un estilo que combina la fuerza bruta del malambo norteño con la elegancia técnica y la sobriedad del malambo sureño.

En Laborde, el reglamento exige que el aspirante a campeón domine ambos estilos con absoluta maestría. Mientras que el malambo sureño requiere una interpretación más pausada, de movimientos precisos y mudanzas que juegan con la gravedad y el equilibrio, el norteño es una explosión de energía, velocidad y destreza rítmica. Gallardo logró la simbiosis perfecta, convenciendo a un jurado de expertos de que el título debía viajar hacia el noroeste bonaerense.

Su formación no se limitó únicamente a los festivales tradicionales. Gallardo integró la renombrada compañía internacional Malevo, un proyecto que revolucionó la percepción del malambo en el mundo. Con esta agrupación, el bailarín realizó numerosas giras internacionales, llevando el bombo, las boleadoras y el zapateo a escenarios de diversos continentes.

Esa exposición global le otorgó un fogueo escénico y un virtuosismo interpretativo que hoy se tradujeron en la calma necesaria para enfrentar la presión de Laborde, un festival donde el silencio del público se respeta como en un santuario y donde cada golpe de taco resuena con un peso histórico. Antes de este logro máximo, su nombre ya había brillado en certámenes de prestigio como el Pre Baradero, el Pre Cosquín y el Festival de las Sierras de Tandil, lo que demuestra que su triunfo es la culminación de un proceso de maduración artística.

Pero más allá del campeón, existe el docente. En Junín, Gallardo ha sabido construir una comunidad en torno a la danza. Junto a su pareja, María Eugenia Alvear, también destacada bailarina y referente del Ballet Tierra Madre, se ha dedicado a transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones y también a los adultos mayores a través del programa Pepsam de la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires.

Su vocación por la enseñanza es lo que le otorga una dimensión humana especial a este título; no es solo un bailarín que busca el aplauso, sino un maestro que entiende el malambo como una herramienta de identidad cultural. 

La ciudad de Junín, que lo adoptó y lo vio prepararse con disciplina espartana durante los últimos meses, celebra hoy a un vecino que ha llevado su nombre a lo más alto del podio nacional.

La edición del festival dejó, a su vez, otros momentos significativos, como la consagración de Lucía Cesari, representante de Santa Fe, como la nueva paisana nacional. Cesari toma el relevo de Magalí Lugos, quien había ostentado el título en la edición anterior representando a Córdoba. Estos reconocimientos completan una semana de profunda tradición en la que Laborde se convierte en el epicentro de la cultura nacional. 

Para Gallardo, el regreso a Junín será distinto esta vez. Ya no vuelve el bailarín que busca una meta, sino el hombre que alcanzó su sueño más esperado después de años de esfuerzo solitario, entrenamientos intensos y una fe inquebrantable en su arte. El nuevo campeón nacional del malambo es un juninense por elección y un maestro por vocación, cuyo zapateo ya es parte eterna de la historia del folklore argentino.

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