Con el uniforme de trabajo todavía puesto, el ambo que delata su profesión de médico oftalmólogo y la urgencia de quien hace un alto en la consulta para atender la política, Eduardo Miquel se presentó en los estudios de TeleJunín como el próximo presidente del comité de la Unión Cívica Radical de Junín.
Su llegada al cargo no será fruto de una contienda, sino de una arquitectura de consenso que evitó las urnas para priorizar la cohesión. En diálogo con Fernando Almeida, Miquel dijo: “Se ha formado una lista de consenso y me convocaron; acepté bajo esa condición”, sentenció al iniciar un análisis profundo sobre el presente de una fuerza que busca reencontrarse con sus bases el próximo 7 de junio.
Su diagnóstico sobre el estado actual del centenario partido es directo y apunta a la base electoral. El dirigente advirtió que la idea fundamental de su gestión será "desempolvar las mentes de muchas personas que siguen siendo radicales, pero que hoy se encuentran en un estado de letargo o desorientación frente a las alianzas políticas de los últimos años". Según su visión, el hecho de caminar la calle y recibir una "muy buena acogida" por la unidad alcanzada es el primer síntoma de una recuperación necesaria para un partido que, en el ámbito local, ha visto reducido su peso institucional en el Concejo Deliberante a una sola representación.
Respecto a la juventud partidaria, Miquel destacó el trabajo de los militantes y remarcó que el objetivo es “movilizar a los jóvenes” para que ese impulso se traduzca en una mayor musculatura política. “Tenemos que buscar fortalecer el bloque de la Unión Cívica Radical para poder tener más fuerza en plantear nuestras inquietudes al Ejecutivo”, analizó, haciendo hincapié en que la presencia legislativa es el termómetro real del poder territorial.
Al abordar la política nacional, el médico oftalmólogo no eludió la complejidad del escenario actual, marcando una distinción técnica entre los indicadores económicos y la realidad social. “Hay una importante dicotomía entre la macro y la micro. La micro, todos los días, la gente la está padeciendo; la macro, cuando ves los números, el RIGI, la inflación, el riesgo país, eso está andando bien”, explicó.
En esa misma línea, reflexionó sobre la figura presidencial de Javier Milei y el impacto de los cuestionamientos éticos en la gestión libertaria. Para Miquel, el Ejecutivo nacional ha puesto la vara de la honestidad y la decencia en un nivel tan alto que cualquier mínima sospecha genera un efecto amplificado. “Cuando aparece una mínima mancha de corrupción, queda amplificada. El tema no es la cantidad, sino el hecho”, sentenció en relación a las polémicas que rodean a figuras del entorno oficialista.
La entrevista también dio lugar a una reflexión histórica y democrática. Miquel, quien vivió su etapa universitaria en La Plata durante los años más oscuros del país, recordó que la recuperación de las instituciones fue un proceso traumático y costoso. “A nosotros nos costó muchísimo recuperar la democracia. Mi experiencia fue bastante dura, fue realmente terrible, fue una guerra”, evocó con gravedad, estableciendo un paralelismo con los actuales cuestionamientos globales al sistema democrático y el surgimiento de modelos autocráticos que, a su juicio, deben ser mirados con atención.
Finalmente, Miquel recordó sus pergaminos de gestión y diálogo, mencionando su paso por la Secretaría de Salud y Acción Social durante el primer gobierno de Mario Meoni entre 2003 y 2007. Esa experiencia técnica es la que pretende volcar ahora en la conducción partidaria, secundado por una mesa que incluye a la exdiputada Laura Esper y a la concejal Orlanda D’Andrea. Con la asunción fijada para junio, el radicalismo de Junín intenta cerrar filas para volver a ser una opción de poder, bajo la premisa de que la unidad es el único antídoto contra la fragmentación.

