JUNÍN CAMINO AL BICENTENARIO

‘Paqui’ Menéndez cree que el desafío de la Ciudad es “mirar por la ventana”

Con esta alegoría, el fundador de Agroinvest y Biomen Technology promueve que la economía local encuentre un perfil productivo multidisciplinario que –tal como lo hizo él en sus proyectos– detecte necesidades y pueda dar soluciones que generen impacto positivo.

08:56

Juan Francisco ‘Paqui’ Menéndez es una figura muy importante del ecosistema de innovación y biotecnología local, regional y nacional: un profesional formado en las ciencias de la salud como farmacéutico que volcó ese conocimiento científico al mundo emprendedor para crear una empresa biotecnológica de escala global.

Una de sus compañías, Agroinvest, es referente en la producción de inoculantes, un insumo clave para potenciar los cultivos agrícolas; y con otra de ellas, Biomen Technology, trabaja en proyectos vinculados a la salud. Actualmente sus productos se distribuyen en unos cuarenta países.

Con esos pergaminos es que fue convocado por TeleJunín y Democracia para el ciclo “Junín Camino al Bicentenario”, en donde habló sobre innovación, industria e internacionalización de la producción desde el interior.

Menéndez también ve en Sarmiento la resiliencia del juninense: “De fútbol no sé mucho, pero la garra que vi cuando fui a verlo realmente me llenó de orgullo y creo que parte de la ciudad es esa garra”.

Historias paralelas

Aun cuando no haya nacido ni se haya criado en Junín, en el relato de ‘Paqui’ Menéndez pueden advertirse puntos de contacto entre la historia de nuestra ciudad y su propio camino. Esas aproximaciones están dadas por la resiliencia tanto en un caso como en el otro.

En cuanto a Junín, desde su origen como el Fortín Federación, siendo un asentamiento que se convirtió en ciudad, tuvo un notable desarrollo a partir de la llegada y el avance del ferrocarril, que décadas más tarde, en su ocaso y caída, arrastró a una parte importante de su población, pero que, de alguna manera, logró progresar reconvirtiéndose con el impulso de rubros que empezaron a sobresalir, desde el comercio hasta la salud, pasando por los servicios y siempre con la actividad agropecuaria como telón de fondo. Para Menéndez, Junín “tiene una historia de puja y de resiliencia”.

Una fortaleza y espíritu de superación que también se ve en aquel muchacho que se crio en una farmacia de la localidad de Alberdi, viendo cómo su abuelo boticario hacía los preparados; que una vez recibido rechazó la posibilidad de hacerse cargo “de la mejor farmacia de Junín” para iniciar su propio camino en la industria; que reacondicionó un viejo laboratorio clausurado, proyectó máquinas con planos dibujados en papel de farmacia, construyó equipos con lo que tenía a mano –como las piezas de suspensión de un viejo Citroën 3CV–, que dormía noche tras noche en esa empresa todavía embrionaria para controlar que no se cortara la luz, que trasladó su primera entrega de inoculantes hasta la estancia La Catalina, en Diego de Alvear, en un Dodge 1500 modelo 80, sintiendo que el auto se le iba en cada curva por el peso que cargaba, y que aun sabiendo que solo el 5 por ciento de los proyectos de ese tipo sobreviven después de los primeros dos años, siguió adelante y llegó a tener una firma que hoy genera productos a gran escala de forma sustentable, que se exportan a decenas de países en el mundo y abastecen a los mercados más importantes.

Un sitio de nuestra ciudad que a ‘Paqui’ le gusta, aunque solo fue dos veces, es el Club de Planeadores. “Me pareció genial, hay una solidaridad, una gran camaradería y es un lugar bucólico”, comenta.

Pensar en grande

Menéndez fundó su empresa en un año sumamente complejo para el país, como lo fue 2001. En el camino, hubo claves de resiliencia y visión para poner en marcha y sostener un proyecto innovador en momentos de tanta incertidumbre económica, política y social.

Aunque aclara que no le gusta dar consejos, pensando en los emprendedores tecnológicos que hoy están empezando en nuestra ciudad, señala: “Les diría que no tengan miedo a que no pueden, que no tengan miedo a pensar en grande”.

Es que son los desafíos los que funcionan como motores que impulsan las ideas. 

“Si tenés un proyecto, tenés que mirar por la ventana para que sea novedoso y tenga conocimiento. Yo ahí me baso mucho en las escuelas técnicas o en la universidad, hoy podés ser autodidacta pero tenés que tener conocimiento para ser innovador, y para ser escalable precisás métodos”, señala.

En ese marco, ejemplifica con el caso de Pakto, uno de sus productos sobre el que está trabajando hace un año y medio pero “todavía no vendió un solo frasco”.

La base de este desarrollo es una historia personal: su padre, en la última etapa de su vida, tenía dificultades para comer y debía hacerlo con un producto de alimentación enteral que se importa de Países Bajos y que en general no lo cubren las obras sociales. “¿Cómo puede ser que haya gente que no puede alimentarse porque esto viene de afuera?” se preguntó entonces Menéndez. De esa inquietud nació una nueva oportunidad de negocios: “Ahí comenzamos con un producto que todavía no salió, pero que tiene todos los registros, que estamos validando y haciendo control de calidad, y hoy me da emoción arrancar con un proyecto que sé que es escalable y que no es para una persona, sino que va a sustituir importación y que es novedoso. Creo que va por ahí”.

Otro tema que Menéndez destaca de nuestra ciudad es “la parte social”. Y puntualiza: “Acá uno sabe quién es el vecino, me he casado con una juninense, así que Junín ha sido muy generoso conmigo”.

Mirar por la ventana

“Mirar por la ventana” es una idea que Menéndez dice y repite: “Es hacer ingeniería inversa y buscar algo que tenga dos patas –explica–, una base es que dé respuesta a alguna dificultad, para eso que se necesita conocimiento; y también que llegue a muchas personas. Entonces, cuando digo mirar por la ventana, es la conjunción entre la academia y las empresas innovadoras; es detectar una necesidad y dar una solución de impacto”.

Y una base importante de ese recorrido es, entonces, el conocimiento. Ahí es donde entra el vínculo entre la empresa y el mundo académico. En ese marco, rescata la buena relación con la Unnoba: “Una cosa importante es escucharse, que la academia escuche a las industrias tecnológicas, y gracias a Dios el rector y demás lo hacen, y nosotros, por supuesto, escucharlos a ellos; pero creo que es fundamental el conocimiento. Uno, estando de los dos lados, al haber estudiado, sabe del sacrificio que es recibirse y adquirir saberes, y como industrial conoce las urgencias que tiene una empresa para implementar ese conocimiento dentro de un producto en tiempo récord para ser eficiente y poder competir en el mundo”.

Por eso, al analizar la ciudad en su bicentenario, considera que “debe ser un norte interaccionar entre la universidad, las personas, los políticos y demás”.

Y concluye: “Así como hay un equipo en una empresa, debería aparecer un equipo multidisciplinario, y más allá de qué partido político sea y demás –no importa el color del gato mientras cace ratones– pero que haga algo y tenga una visión grande para Junín, creo que es lo interesante”.

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