JUNÍN CAMINO AL BICENTENARIO

“Deseo que mantengamos siempre vivos nuestros tesoros culturales y edilicios”

El destacado músico, productor y director Rubén Aguilera considera que es necesario sostener y custodiar el acervo tradicional de nuestra ciudad porque “es parte de nuestra identidad”. Además, resalta el valor de las instituciones como espacios colectivos de formación musical.

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El músico, compositor, productor, arreglador y director Rubén Aguilera tiene una mirada particular sobre Junín: la de quien se crio aquí, luego vivió 25 años afuera, pero regresó para radicarse definitivamente en el barrio de su infancia; la del que conoció ciudades, países, continentes, pero finalmente eligió a este como su lugar en el mundo; la del que caminó escenarios y compartió estudios con las estrellas más luminosas de la constelación nacional y latinoamericana, sin dejar de ser uno más de los artistas locales.

Con ese bagaje a cuestas fue convocado por TeleJunín y Democracia para el ciclo “Junín Camino al Bicentenario”, pero no para que recuerde con nostalgia sus anécdotas con Sandro, Los Iracundos, Ginamaría Hidalgo, María Martha Serra Lima, Los Panchos, Leonardo Favio, Armando Manzanero, León Gieco, Julia Zenko, Marilina Ross, Paz Martínez, Jairo, Violeta Rivas o tantos otros con los que trabajó, sino para reflexionar sobre la identidad musical, la industria cultural y el valor de la creación artística desde esta ciudad del interior hacia el mundo.

Su vínculo con Junín

En términos generales, Aguilera observa a la nuestra como una ciudad que resalta entre las que tienen tamaño y características similares. “Junín es muy nombrado –afirma– tiene toda una trayectoria de artistas, deportistas, políticos, escritores, en todas las áreas se ha destacado algún juninense, y eso siempre me llenó de orgullo”.

Ese sentimiento de cercanía con su lugar también se trasluce en su arte. “Más que nada, yo me siento provinciano, bien provinciano”, aclara Rubén, para luego ampliar: “Eso le imprimió a mi carrera un matiz que seguramente otros sabrán reconocerlo mejor. Junín es mi lugar. Creo que uno lleva en el alma todas las experiencias y después lo transmite en algo, pero se me escapa a dónde está impreso. Seguramente está en la música, en el modo de tocar, como está en el modo de hablar”.

Aguilera considera que el tema o problema principal que debe resolver la ciudad es “el tránsito”. Y añade: “Lo sufro. Yo soy lento para manejar, no me gusta la velocidad y me encuentro con problemas”.

Disciplina y emoción

En referencia al trabajo dentro del ámbito artístico, Aguilera rescata lo que aprendió sobre la disciplina, algo que considera una clave para transmitirle a los jóvenes.

“Uno piensa en los artistas y dice, ‘ah, la guitarrita, la noche’, pero no es así. Nadie está treinta o cuarenta años en el candelero sin tener una conducta”, enfatiza.

De hecho, el propio Sandro era un ejemplo de orden y meticulosidad profesional que lo llevaba a estar en todos los detalles: “Era un estudioso de todo el espectáculo, diseñaba absolutamente todo, luces, sonido, y sabía cada cosa que iba a pasar. Y no solamente él, un montón de gente. Yo grabé con Los Panchos, fui productor de ellos, tenían sesenta años de carrera y seguían siempre bien, prolijos, bien vestidos. Esa es la vida del profesional”.

Sin embargo, detrás de todo esto, está lo pasional, la sensibilidad, porque, en definitiva, ese es el combustible de un artista, que debe “darse cuenta claramente qué es lo que sucede cuando hay un hecho artístico”, porque la simbiosis entre persona que está en el escenario y el público “es un intercambio de emociones”.

Y, en ese contexto, ejemplifica: “Yo te estoy dando mi emoción y vos la recibís como público, que te ocasiona algo que me va a volver. Eso es lo primero que hay que decirles a los noveles artistas. Vos vas a ver que los artistas miran arriba, eso viene del teatro, de mirar al paraíso, a la parte superior, al ‘gallinero’, donde está la gente más humilde, que es la que más se impresiona y la que no tiene miedo de gritar”.

El valor de las instituciones

En su derrotero como productor, Aguilera no solo debió tener en cuenta el rigor técnico, sino la capacidad de armonizar identidades distintas, algo que invita a pensar en cómo se construyen espacios colectivos de formación musical que trasciendan lo individual. Tan es así para Rubén que durante años tuvo una escuela de música en donde se tomaba al arte de una manera integral.

“Debo decir con mucho orgullo que de mis clases han salido un montón de directores, arregladores, buenos músicos y cantantes”, explica, con lo que ratifica que son necesarios estos espacios de formación colectiva.

“Porque genera trabajo y genera una ola artística”, resume Aguilera, para luego profundizar: “Cada tanto van saliendo oleadas y es interesante para nuestro acervo. Cuando la enseñanza artística está, como en el caso del Conservatorio, sabiamente dirigido por Martín Kieffer, a quien admiro como docente, le da otro sesgo. Entonces es interesante que haya instituciones”.

Hay dos lugares de la ciudad que a Rubén le gustan particularmente: la Laguna de Gómez y El Carpincho. “Voy a mirar el agua. No sé pescar, ni me interesa. El agua de acá, de Junín, me atrae”, resume.

Cuidado del acervo cultural

Alguien como Aguilera, que desarrolló una carrera internacional de primer nivel, puede advertir qué infraestructura o mercado cultural falta consolidar a las ciudades del interior como la nuestra para que un talento no tenga que migrar a Buenos Aires para triunfar. En ese marco, advierte una dificultad porque aquí “faltan las grandes bocas de expendio, que son las grabadoras, los canales de televisión, los estudios de cine, falta eso que no lo pueden lograr de un día para otro”.

Y enseguida hace hincapié en un tema que le preocupa particularmente: “El andar por muchos lugares me hizo comprender, admirar y valorizar lo de cada lugar. Uno está, por ejemplo, en Ginebra, y es un lugar que te seduce, te mata, en donde está cuidado hasta el último pedacito de edificio. Yo creo que nos falta cultura histórica, nos falta conservar lo que tenemos. Hay gente que se queja contra el empedrado, por ejemplo, pero es un tesoro. ‘Claro, porque a vos no se te desarma el auto’, me dirán, pero sí, a mí también me pasa eso, pero no lo sacaría. Desearía que se conserve más lo tradicional, pero no es una cuestión de ‘añoralgias’. No, son tesoros que no vuelven nunca más”.

Aguilera insiste en que cada edificación que contenga la huella de lo que fuimos “es parte de nuestra identidad”. Por eso debería conservarse.

Por eso, cuando se le pidió que deje plasmado sus deseos para el bicentenario de nuestra ciudad, de la misma manera que lo hicieron todos los entrevistados del ciclo de Democracia y TeleJunín, Rubén escribió: “Deseo que mantengamos nuestros tesoros culturales y edilicios siempre vivos”.

Junín suena a folclore

Una de las últimas preguntas para Aguilera fue a qué sonaría una obra musical que, eventualmente, pudiese escribir él y que represente el espíritu, la historia y el futuro de nuestra ciudad en sus 200 años.

“Al folclore nuestro”, responde enseguida. Y agrega: “Yo tengo una obra que se llama ‘El mangrullo juninero’, a la cual el ‘Tero’ Ghione le puso unas palabras hermosísimas, y tiene ese sonido: es como un gato, como una chacarera, pero sureña. Es así como somos nosotros”.

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